Lo que ocurre cuando tu novia es escaladora

Llega un momento en la vida, antes o después, en el que conoces a un loco de la nieve, a una intrépida corremontes, a un fanático de arrastrarse por cuevas o, lo que nos atañe, a una escaladora. Se les reconoce porque los ojos les brillan de forma diferente cuando es el sol de montaña el que los ilumina. Aunque su pasión embriaga no siempre es contagiosa, porque lo que pasa a menudo cuando de admirar éxitos se trata es que solo se ve la foto final, pero el camino queda fuera del encuadre del objetivo.

A veces, nadie sabe muy bien cómo, un chico de los de discoteca, videoconsola y dormir los domingos, acaba enredándose con una chica de las de montaña, callos en las manos y despertadores a las seis de la mañana. La colisión es tan improbable que parece mágica, como si dos especies sacadas de sus hábitats se unieran a través de una indiferencia en común. Sigue leyendo

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En cinco minutos

Nadie le hacía demasiado caso cuando decía que era escritor y eran pocas las veces que hacía referencia a su razón de vivir. Por eso todos se sorprendieron cuando, a punto de jubilarse, publicó su primer y único libro: dos mil páginas llenas de bucles, historias paralelas, entramados infinitos y personajes tan llenos de vida como efímeros. Se habrían sorprendido todavía más de haber sabido que ese muro de palabras se construyó en hiladas de cinco minutos.

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Agosto

Hay una medida estándar para esas cosas que no sabes muy bien cómo medir, para esas cosas que duran un suspiro, para esas cosas muy intensas o para cosas que duran treinta meses; para esas situaciones que te producen desorientación, como cuando te levantas de la siesta en verano y no sabes qué hora es, o cuando una ráfaga de aire te transporta a otros tiempos que crees que son mejores solo porque ya han pasado.

Todo eso que se perfila borroso, como un sol descendiendo hasta el fondo del mar antes de apagarse, cabe en la misma caja en la que podemos guardar a agosto. Tienen la misma medida. Agosto es un mes raro. Sigue leyendo

Sentir lo que se siente al sentir algo que es imposible que ocurra

Entra a la sala. Es alargada, hay dos sofás de diseño y, al fondo, un dispensador de agua. Se sienta en el asiento de la izquierda y vacía su mente, algo especialmente fácil cuando, por motivos de seguridad, has dejado tu teléfono móvil a la entrada del edificio. Espera durante cinco minutos. Espera durante diez minutos más. Se sigue relajando mientras reflexiona sobre los minutos de su vida que ha esperado a que sucediera algo. Transcurren siete minutos más. De repente, algo ocurre; mientras que lo que espera es que su nombre sea pronunciado para acceder a la siguiente sala, lo que sucede es que la luz se apaga. Sigue leyendo

Lo Normal

Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

Me gustaría saber en qué página del Manual de la especie humana se encuentra esa serie de reglas prefijadas que definen cómo es una persona normal. Y, sin embargo, hay una conciencia multinuclear que clasifica a cada ser humano en función de cómo se comportan precisamente aquellos que están a punto de catalogarlo como si de un paquete de correos se tratara. Este es normal, esta es rara Sigue leyendo

Me dejó en un Mercadona

Recuerdo la escena como si hubiera sido ayer y es que, aunque fue esta mañana, todavía estoy mareado de la espiral de recuerdos que se han amontonado en mi mente a cámara superrápida. Es como cuando caes de un puente y estás a punto de morir, excepto que en esos instantes solo la ves a ella en los mejores momentos. Los malos los bloquea tu cerebro y los dosifica poco a poco durante los siguientes meses, para ayudarte a olvidarla pero de forma lenta y dolorosa. Es su forma de vengarse del corazón y de gritar bien alto: «te lo dije, pequeña bomba de sangre, aquí el que piensa soy yo».

Fue una traición en toda regla: me dijo que esa noche íbamos a cenar mi comida favorita –pizza congelada de atún, Pringles con kétchup y bollycaos falsos–
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El día más triste del año

Se sube al autobús con cuidado para no caer en el lago que se ha generado en la calzada. Dado que el vehículo ha parado demasiado lejos de la acera no le ha quedado más remedio que dar un salto. Si le hubiera faltado un gramo de confianza durante el impulso su día habría sido muy diferente, quizá incluso lo que restaba de mes…

Una vez pagado su billete busca, entre un montón de abrigos grises, un hueco en el que sentarse. Es uno de esos días en los que todos los asientos están ocupados, pero no hay nadie de pie. Con el paso del tiempo uno acaba desarrollando la habilidad de ir agarrado a la barra de seguridad sin caerse en las curvas; cuando dominas esa técnica, no vuelves a disfrutar igual en un parque de atracciones. Sigue leyendo