El guitarrista del metro no tiene reloj

Como cada mañana desde hacía dos semanas se encontraba sentado en el metro. Afinaba la guitarra con la tranquilidad del que tiene la vida resuelta y desayuna a la orilla del mar mirando cómo amanece. No era temprano ni tarde para él, cada día el tiempo era más relativo; para los que pasaban a su lado era, generalmente, tarde. A veces detenía su tarea y se paraba a mirar sus ojos y, particularmente, sus ojeras. Esas personas dormían en colchones que costaban cientos de euros, en pisos que costaban miles de euros y sin embargo no descansaban. Por su parte, él había aprendido que el suelo podía llegar a ser acogedor y confortable cuando uno tiene la conciencia tranquila. «El estrés es la enfermedad del siglo XXI» se repetía cada día para, acto seguido, comenzar con sus canciones. Él era consciente de que su música no era gran cosa, pero estaba satisfecho; trataba de reproducir ritmos alegres que aliviaran la ansiedad de todas aquellas almas que corrían de un lugar a otro anhelando un café como un sediento anhela agua en un desierto. Hay quien camina con los oídos, los ojos y las manos cerradas por la vida, pero hay quien deja una rendija para que entre la luz o unas notas fugaces, y para ellos especialmente tocaba él. Hablaba del amor, de cuando el amor sale bien y todo el mundo es feliz, de un amor lejos de los pasteles rosas y los domingos de parque; un amor en el que la pareja habla claro con palabras pero mucho más claro con el cuerpo. Y cuando hacía estas explícitas referencias a una cama en la que no se duerme, quien más y quien menos sonreía, pensando la mayoría para sus adentros que ojalá y fueran ellos los protagonistas de la canción. Pero eran pocos los que volvían a casa y luchaban por ganarse el mérito de ser nombrados en las canciones de un guitarrista de metro. Desde que alguien decidió poner televisiones en las habitaciones, hacer el amor era un lujo que se reservaba para los días de fiesta. Y no solo eso sino hablar, leer, discutir, charlar y, lo más importante, soñar despiertos y en pareja; o trío, ahí nuestro guitarrista no entraba a menos que estuviera cantando.

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