El día más triste del año

Se sube al autobús con cuidado para no caer en el lago que se ha generado en la calzada. Dado que el vehículo ha parado demasiado lejos de la acera no le ha quedado más remedio que dar un salto. Si le hubiera faltado un gramo de confianza durante el impulso su día habría sido muy diferente, quizá incluso lo que restaba de mes…

Una vez pagado su billete busca, entre un montón de abrigos grises, un hueco en el que sentarse. Es uno de esos días en los que todos los asientos están ocupados, pero no hay nadie de pie. Con el paso del tiempo uno acaba desarrollando la habilidad de ir agarrado a la barra de seguridad sin caerse en las curvas; cuando dominas esa técnica, no vuelves a disfrutar igual en un parque de atracciones. Se abraza a un agarre vertical que baja desde el techo hasta el suelo con el mismo brazo que sujeta el periódico. Mientras, con el otro, aguanta una bolsa que contiene su portátil.

Se ríe para sí mismo al pensar que esa barra bien podría ser la vara de Gandalf y el autobús un caballo blanco o gris. Una sonrisa boba se le escapa en medio de un montón de labios rectos, a juego con sus abrigos grises. Decide volver a la realidad y, con la pericia de un malabarista, abre el periódico gratuito que lleva en la mano. El titular le hace gracia: «Hoy es el día más triste del año». Parece ser que, hace diez años, un señor llevó a cabo un estudio matemático y, basándose en numerosas variables, llegó a la conclusión de que el tercer lunes de enero era el día más triste del año. Lee el artículo y, de algún modo, comparte  la opinión de ese abrumador y gris destino lunesco: la cuesta de blue mondayenero comienza su punto álgido, faltan más de diez días para cobrar, las navidades comienzan a estar lejos pero no lo suficiente como para haberlas olvidado, las noches son largas y, de día, hace frío y llueve. Después de fijarse en todo lo malo su jersey amarillo tiene un toque un poco más ceniza.

Al final, piensa, casi todo se resume al dinero: pagar los plazos de los regalos de Navidad, pagar las facturas, pagar el piso, cobrar la nómina, pagar, pagar, cobrar, etc. Por otro lado, ríe ante la categorización de «el día más triste del año» como si todo el planeta estuviera triste. En el mundo musulmán no tienen esa morriña por la Navidad, en Sudmérica es verano, en China queda exactamente un mes para la gran celebración del año nuevo… gran parte del mundo permanece ignorante a un blue Monday que parece más un pariente lejano del black Friday o del Día de San Valentín que un resultado aritmético. Además, su color favorito es el azul de modo que es casi una señal de que ese día va a ser un gran día. Es su primer día de trabajo en muchos meses y ninguna fórmula matemática le impedirá ser feliz. Hace tiempo decidió que solo vería señales del universo cuando estas estuvieran de su lado; lo demás no es más que escepticismo barato.

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