Lo que ocurre cuando tu novia es escaladora

Llega un momento en la vida, antes o después, en el que conoces a un loco de la nieve, a una intrépida corremontes, a un fanático de arrastrarse por cuevas o, lo que nos atañe, a una escaladora. Se les reconoce porque los ojos les brillan de forma diferente cuando es el sol de montaña el que los ilumina. Aunque su pasión embriaga no siempre es contagiosa, porque lo que pasa a menudo cuando de admirar éxitos se trata es que solo se ve la foto final, pero el camino queda fuera del encuadre del objetivo.

A veces, nadie sabe muy bien cómo, un chico de los de discoteca, videoconsola y dormir los domingos, acaba enredándose con una chica de las de montaña, callos en las manos y despertadores a las seis de la mañana. La colisión es tan improbable que parece mágica, como si dos especies sacadas de sus hábitats se unieran a través de una indiferencia en común.

Un mal monólogo de martes por la noche puede hacer que dos personas que no esperaban estar en aquel bar lleguen a conocerse. El monologuista hace mutis por el foro en una escena en la que solo quedan dos personas que, no queriendo estar allí, no querrían estar en ningún otro lugar. El miércoles hay jazz en el local y el jueves degustación de sushi, pero el fondo importa poco. Cuando te enredas en alguien da igual el color de las sábanas.

Y llega ese primer fin de semana. Aunque no lo sabías, las seis de la mañana del sábado existen y es que mientras ella se levanta, él aún no se habría acostado. Pero lo nuevo siempre atrae y cualquier paquete es irresistible cuando lo envuelves con papel de aventura. De todas formas, no podía negarse a una cita propuesta por alguien que ha entrado a través de su ventana de un segundo piso trepando con una bolsa de chucherías agarrada entre los dientes. No puedes decir que no a treinta horas de bosque, tierra mojada y piedra áspera, cuando te lo dice alguien que sabe volar.

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Y es que, cuando tu novia es escaladora, aprendes a leer la sinceridad de unas manos ásperas; entiendes que la cima solo es un premio si llegas desde abajo; interiorizas que cada caída es tan importante como cada avance. Pero el papel de aventura se desgasta con facilidad y hay a quien no le parece suficiente rozar el cielo con las manos. Lo que comienza como algo infinito se diluye como una foto antigua y es que lo imprevisible se funde con la monotonía aplastante del tedio.

Para que tu novia sea escaladora has de llegar hasta ella trepando: alcanzar su corazón implica que tienes que salirte del camino, explorar y crear tu propia aventura.

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